Más allá de la cuarta pared

Jean SIBELIUS
Finlandia, op. 26
Pélleas et Mélisande, op. 46
Edvar GRIEG
Suite Holberg, op. 40
Peer Gynt, suite núm. 1
Finlandia supuso siempre una amenaza para las ideas expansionistas del zar Nicolás II. Conocía de sobra el poder que la música podía ejercer sobre los sentimientos de un pueblo y quiso, a toda costa, censurar la obra. Su nombre fue variando en los primeros años del siglo XX, como si aquella melodía tan reconocible pudiera esconderse de la censura ocultando su título original: «Finlandia despierta». Sibelius buscaba crear un homenaje al pueblo finlandés, una melodía capaz de reunir todos los atributos de la música nórdica sin sonar folclórico. Años después de que Finlandia se popularizase, el simbolismo de Maeterlinck llegó a la vida de Sibelius con sigilo y alevosía. Fue el Teatro Sueco de Helsinki el que encargó al prolífico compositor que crease música incidental para este drama onírico del dramaturgo sueco. El éxito de aquella producción hizo que incluso el propio Sibelius se planteara hacer una suite que poder incluir dentro del repertorio sinfónico. Los cabellos de Mélisande acariciados por las púas del peine, la muerte de Pélleas a manos de su hermano o la insólita escena de la joven frente a la rueca, suenan en atmósferas difusas y contenidas, más evocadoras que descriptivas. Entre cuentos medievales y poetas simbolistas, Grieg se sirvió de ciertos aires cortesanos para homenajear el bicentenario del escritor noruego Ludvig Holberg. Un preludio y cuatro danzas componen el sueño barroco de la Suite Holberg. Entre melodías galantes y puntapiés, esta suite orquestal esboza una visión sonora del pasado remoto que ensalza antiguas danzas y festejos arcaicos. La relación con el arte de hacer teatro fue también una parte importante dentro del desarrollo musical del compositor noruego. Las suites Peer Gynt surgen de la obra homónima cuyo autor, el rey del drama realista, Ibsen, le encargó para su estreno en Oslo. Pese a que la partitura original se acerca más a la música incidental que al espacio sinfónico, Grieg no quiso desaprovechar el contenido musical que había creado y lo reagrupó en dos suites que funcionaban sin precisar del hecho teatral. La naturaleza de la música sobrepasando el espacio escénico para crear una realidad que nos es ajena y propia, que nos orienta y nos pierde, pero que, sobre todo, va más allá de la cuarta pared. Nacho Castellanos