La Tercera de Mahler
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Gustav MAHLER
Sinfonía núm. 3 en Re menor
- EMILY D’ANGELO
- mezzosoprano
- Coro de la OCG
- Héctor E. Márquez, director
- Seraphim Pueri Cantoresde la Catedral de Granada
- Patricia Latorre, directora
- Joven Academia de la OCG
- (Taller orquestal OCG – Real Academia de Bellas Artes de Granada)
- LUCAS MACÍAS
- director
Colabora Fundación Caja Rural Granada
La Tercera sinfonía es una de las obras más impactantes y monumentales de la historia de la música. La colosal orquestación y requerimientos corales de sus noventa minutos (aproximados) se empeñan en una profunda y aguda meditación sobre la naturaleza, la condición humana y sus anhelos de divinidad. De alguna manera, complementa el discurso de “Resurrección” de la sinfonía precedente, y representa el punto culminante del pensamiento sinfónico del joven Mahler, que anda por la treintena cuando la compone, entre 1893 y 1896. Mahler imagina la Tercera como una representación sonora del desarrollo del mundo y de la conciencia, como una especie de evolución espiritual “desde lo inanimado hasta Dios”.
Los títulos programáticos con los que inicialmente bautizó sus seis movimientos, que suenan entre Nietzsche y el futuro Messiaen, fueron finalmente descartados al editar la partitura. Sin embargo, ayudan a comprender el sentido de cada uno de ellos: “Lo que me dicen las piedras”; "Lo que me dicen las flores del campo"; "Lo que me dicen los animales del bosque"; "Lo que me dice el hombre"; "Lo que me dicen los ángeles", y, finalmente, "Lo que me dice el amor". El muy extenso primer movimiento -dura casi media hora- es una especie de titánica marcha que representa el despertar de la naturaleza. El segundo tiene aires más líricos y sosegados; es un minueto delicado y pastoral, en el que Mahler despliega su talento para la descripción poética de la naturaleza. En el tercero, ritmos de danza y llamadas de trompa en la lejanía evocan el universo animal, el de “los animales del bosque”. La nostálgica sonoridad del Posthorn -que Mahler utiliza aquí por primera vez- contribuye al matiz melancólico y misterioso del conjunto.
En el lento y misterioso cuarto movimiento -"Lo que me dice el hombre". Irrumpe la voz humana. Grave y solemne, casi ingrávida. “O mensch”. Sobran las palabras, aunque son imprescindibles. “¡Oh, hombre! ¡Presta atención!”. Nietzsche y su Zaratustra. Reflexión existencial. Los violines cantan con todo el lirismo de emoción, Cerrar los ojos y sentir. En el quinto, se añaden un coro femenino y otro de niños, para cantar textos populares de la colección Des Knaben Wunderhorn. Ingenuidad, luz y esperanza. Todo desemboca y concluye en el sexto movimiento, “Lo que me dice el amor”. Emotividad y grandeza. Contemplación, espiritualidad y redención.