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LA OCG ES MIEMBRO
DE LA ASOCIACIÓN
ESPAÑOLA DE ORQUESTAS
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y miembro
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Por una parte, no es muy difícil lograr una temporada sinfónica interesante y rica en grandes experiencias musicales: la abundancia del repertorio orquestal permite diseñar innumerables posibilidades de programación. Pero cuando hay que concretarla en la sucesión de conciertos de un año determinado, esa misma riqueza puede llegar a intimidar. La presente temporada, una entre esas opciones inagotables, difícilmente va a decepcionar, por la presencia de muchas de las joyas más conocidas y amadas del repertorio junto a fascinantes novedades por descubrir. Y esto no significa necesariamente música nueva, porque incluso los más grandes compositores tienen sorpresas que ofrecer.
En cualquier caso, abrir la temporada con un concierto dedicado a Mozart y a Beethoven puede ser toda una declaración: la última Sinfonía del compositor de Salzburgo, la llamada Júpiter, es en ella misma el resumen más perfecto de toda la grandeza del Clasicismo vienés, pero si complementa el programa el Cuarto Concierto para piano de Beethoven, ese Clasicismo superior se ve abierto a nuevas perspectivas, demostrando que la perfección alcanzada por Mozart y Haydn no agotaba sin embargo las posibilidades de su lenguaje. La obertura para La clemenza di Tito nos recordará que la maestría de Mozart en el campo de la ópera no se limita a sus obras más conocidas e interpretadas, más bien vinculadas, por lo menos en parte, con el género cómico, sino que se extiende también sobre el glorioso género de la ópera seria [CONCIERTO SINFÓNICO 1].
El primer concierto del breve ciclo de Otoño nos muestra otra cara del sinfonismo Clásico: la lacerante intensidad del estilo Sturm und Drang de la gran Sinfonía en Sol menor de Mozart. Pero esta misma velada permite ver la enorme distancia entre los extremos expresivos del Clasicismo vienés: la Pequeña serenata del mismo Mozart, un milagro en el que se unen la máxima sofisticación estructural con la más accesible comprensibilidad, todo en la misma obra y al mismo tiempo. El programa propone un interesante emparejamiento, al introducir dos obras de Britten, que pueden revelar cómo el espíritu del Clasicismo ha seguido vivo de alguna manera en compositores muy recientes [CONCIERTO DE OTOÑO 1].
El segundo Concierto de otoño lanza su mirada más atrás, a los antecesores inmediatos de ese lenguaje, con una importante presencia de dos de los hijos de Johann Sebastian Bach: Carl Philipp Emanuel, el Bach de Hamburgo y de Berlín, asociado a la Empfindsamkeit o estilo de la Sensibilidad, y Johann Christian, el Bach de Londres, cultivador del estilo galant. En el programa hay también lugar para música todavía anterior, con la interesante propuesta de un Miguel López instrumentado por Xavier Astor, y para uno de los grandes contemporáneos de Mozart y Haydn, el bohemio Vanhhal [CONCIERTO DE OTOÑO 2].
El Concierto sinfónico 2 une lo mejor del Barroco con lo mejor del Romanticismo alemán. Un gran Concerto grosso de Händel y una de las magníficas cuatro oberturas de Bach acompañan a dos grandes obras instrumentales de Wagner y Schumann. Aunque el Idilio de Sigfrido nació en la intimidad del hogar de Wagner para una celebración de índole privada, su dimensión de obra maestra indiscutible la ha llevado, con justicia y por suerte, a las salas públicas para disfrute de todos los melómanos. El op. 52 de Schumann, Obertura, Scherzo y Finale, es casi una pequeña sinfonía, no muy conocida, y que vale la pena descubrir en el marco de un concierto tan interesante [CONCIERTO SINFÓNICO 2]. Si los conciertos anteriores se han centrado de una manera casi exclusiva en la sólida tradición central austroalemana, la siguiente propuesta, el Concierto sinfónico 3, se abre hacia todas las direcciones europeas: música francesa, italiana, finlandesa y húngara para un programa que tiene el interés de presentar obras de compositores poco habituales en los programas sinfónicos, como Ibert o Wolf–Ferrari [CONCIERTO SINFÓNICO 3].
Una de las más bellas y populares composiciones pianísticas de Debussy, el Clair de lune de la Suite bergamasque, abre el Concierto sinfónico 4, y lo hace en la atractiva versión orquestal de Caplet, un importante colaborador del compositor. En el programa aparecen también las Noches en los jardines de España, la evocación andaluza (en parte granadina) de Falla para piano y orquesta. Estas piezas de naturaleza impresionista pueden parecer alejadas de la Sinfonía de Beethoven que completa la programa, pero hay que tener muy presente que ciertos aspectos de la Pastorale, por ejemplo la descripción del río o de los cantos de los pájaros, representan un anticipación de los procedimientos del Impresionismo [CONCIERTO SINFÓNICO 4].
El Concierto sinfónico 5 cumple con la tradición de interpretar las grandes obras corales del Barroco para celebrar la Navidad. En su momento El Mesías de Händel, o en esta ocasión el Oratorio de Navidad de Bach permiten gozar de un programa de un grandísimo interés puramente musical, y al mismo tiempo recuperar la dinámica estacional que daba ocasión a la composición e interpretación de obras maestras como éstas en su contexto original. Las grandes dimensiones del oratorio bachiano impiden una presentación completa, pero las Cantatas seleccionadas forman un bloque de una grandeza musical difícilmente igualable [CONCIERTO SINFÓNICO 5].
El Concierto extraordinario 1 representa el primer encuentro de la Orquesta con su público en el nuevo año 2012. Un programa romántico austroalemán celebra esta ocasión, mostrando el talento juvenil de dos de los más grandes prodigios que haya visto jamás el mundo musical. Dos obras de una gran ambición para los adolescentes Schubert y Mendelssohn: la prometedora Tercera Sinfonía del primero y el increíble Octeto del segundo, que se podrá escuchar en su adaptación para orquesta de cuerdas [CONCIERTO EXTRAORDINARIO 1].
Un Romanticismo centroeuropeo más tardío, pero en parte con los mismos protagonistas, caracteriza al Concierto sinfónico 6: la obertura Las Hébridas es el resultado del viaje iniciático que Mendelssohn realizó por las Islas británicas e Italia, periplo que señaló su paso al mundo adulto. La acompaña en el programa una de las más grandes Sinfonías de Dvorák, la Séptima, quizás menos popular, pero no menor que la Novena. El concierto es una oportunidad para descubrir a una figura más oculta del Romanticismo alemán, el compositor y violinista Ferdinand David, representado por una de las más importantes obras que se hayan escrito para trombón y orquesta [CONCIERTO SINFÓNICO 6] .
Otra Sinfonía de Schubert, en este caso la conocida como Trágica, está en el centro del siguiente Concierto sinfónico 7. Este concierto da la bienvenida a la sala sinfónica a Verdi, con su magnífica obertura para La forza del destino, una demostración de que el interés y el contenido poético de su música no está solamente en lo vocal, sino que brilla igualmente en lo instrumental. Con un giro a otro mundo musical totalmente diferente, el programa contiene también la Novena Sinfonía de Sostakovic, una obra que resultó polémica por su clásica ligereza que sorprendió al régimen soviético, que esperaba que la nueva obra del compositor fuera un canto triunfal a la victoria en la Segunda Guerra Mundial [CONCIERTO SINFÓNICO 7] .
La sabiduría polifónica y la maestría incomparable en la música litúrgica de Bach y Mozart se unen en un Concierto extraordinario 2 en el que la Orquesta y el Coro presentarán la Missa brevis en Fa mayor del compositor alemán y las Vesperae solennes de Confessore del austríaco [CONCIERTO EXTRAORDINARIO 2].
La música nórdica de Sibelius y Rautavaara se contrapone en el Concierto sinfónico 8 a la música francesa (pero con raíces también centroeuropeas) de Honegger. Este programa que abarca todo el siglo XX contrasta con el del Concierto sinfónico 9, que representa un regreso al Clasicismo dieciochesco [CONCIERTO SINFÓNICO 8]. El Divertimento de Haydn y la Sinfonía en La mayor de Mozart (una de sus primeras grandes obras maestras en este género) se unen a la Sinfonía de Pugnani, lo que puede permitir una atractiva búsqueda de los orígenes italianos del lenguaje de Mozart. Y el programa se enriquece con un Concierto para violín de Viotti, un compositor fundamental para el género [CONCIERTO SINFÓNICO 9].
La polifonía hispano–italiana de Tomás Luis de Victoria da comienzo al Concierto sinfónico 10, una propuesta del Coro y la Orquesta que revisa la música polifónica del Renacimiento y el Barroco. Entre otras obras de Bach, Händel y Schütz, el programa incluye la fascinante versión que Bach realizó del muy conocido Stabat Mater de Pergolesi [CONCIERTO SINFÓNICO 10].
Otro Stabat Mater, en esta ocasión de Vivaldi, aparece en el Concierto sinfónico 11, en compañía de grandes Sinfonías del Clasicismo vienés: la Trauersymphonie de Haydn y la Haffner de Mozart [CONCIERTO SINFÓNICO 11]. La Nueva escuela alemana de Wagner y Liszt y la Música rusa se dan la mano en el Concierto sinfónico 12. La formidable obertura que Wagner escribió para Tannhäuser es seguida por una obra poco conocida de Liszt, À la Chapelle Sixtine. El compositor, que pasó largos períodos en el Vaticano, quiso evocar musicalmente la Capilla Sixtina a través de su más famosa anécdota musical, uniendo citas del Miserere de Allegri y el Ave verum de Mozart. Las obras de Rimskij–Korsakov y Stravinski que completan el concierto muestran la continuidad entre la escuela del Grupo de los Cinco y las vanguardias europeas de principios del siglo XX, de las que Stravinski fue una figura fundamental [CONCIERTO SINFÓNICO 12].
La Música inglesa se impone en el Concierto sinfónico 13, con obras que definen su evolución desde principios del siglo XX, con Britten, hasta la misma actualidad, con Malcolm Arnold y Jon Lord [CONCIERTO SINFÓNICO 13].
Todavía quedará un Concierto extraordinario 3 antes de dar por terminada la temporada. Para cerrarla de manera adecuada, se contará con una obra que puede considerarse como un gran resumen final de la tradición sinfónica autroalemana, la Cuarta de Brahms. Pero en el programa también habrá lugar para la maestría y el encanto de la música de Mendelssohn para el Sueño de una noche de verano de Shakespeare. Y también para una obra poco habitual, la Sardana Empúries de Eduard Toldrà, una prueba de que este compositor catalán es uno de los más grandes creadores de la Música española del siglo XX [CONCIERTO EXTRORDINARIO 3].


VÍCTOR ESTAPÉ

 

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